15/10/09

Que la chupen, que la sigan chupando

Hacía mucho que no me reía a carcajadas. Lo he visto y oído mil veces y todavía no puedo parar. Deberíamos troncharnos con esto, celebrarlo. Pero torcemos nuestra boca europea, ridícula, y empiezan a brotar las cursiladas: demagógico, soez, farlopero, ignorante, bocazas, barriobajero, payaso, desgraciado, mal ejemplo para el deporte. Los más agudos hasta se ponen irónicos: siempre tan elegante, dicen. Qué obviedad meterse con este tipo, y cómo nos pone. A mí me ha hecho reír, insisto. Lo mismo que Miguel Bosé cuando se puso a lloriquear en Cuba: "Cómo es que no entienden (los cubanos) que esto (el concierto Paz sin Fronteras) es lo mejor que puede pasarles". Pero de Bosé nadie dijo qué desgraciado. Es más alto y guapo y tiene más clase que el pibe diez y está contra Fidel que lleva un chándal cutre populista como el pibe diez y que es amigo de Chávez que es amigo del pibe diez. Bosé es más culto, por tanto más responsable de estar agilipollado. Al pibe diez se lo perdonamos.

Que no, coño, que no soy argentino. Estoy al margen del paroxismo religioso. Ser argentino es una enfermedad. Ser español, una minusvalía. Sí, soy catalán. Ser catalán es... Es ser español, al menos en el extranjero. Soy catalán pero no espero que el pibe diez vista y se comporte como el Pep diez Guardiola (por cierto, se aprecian). Si nunca reproché al príncipe Felipe sus modales remilgados ni su debilidad por una putilla frígida del telediario, no voy a reprochar al pelusa su espontaneidad. Que la chupen, que la sigan chupando. Suena más contundente que aquella mariconada de "por qué no te callas", ¿verdad? Aunque el goce y el sentimiento de orgullo que nos provocó nuestro monarca aquella vez fue equiparable al de ganar un mundial (dicen que ganar un mundial de fútbol es una sensación de puta madre). Ser español es ser envidioso, sabemos que el pelusa, por muy hortera que sea, ha follado lo que nosotros en veinte vidas (y con criaturas de todas las especies), que ha vivido lo que nosotros en veinte vidas. Y dicen que durante cinco minutos hasta fue bueno en lo suyo. Y por si fuera poco el derroche emocional después del partido demuestra sus aptitudes operísticas.

Pero hablemos del partido. No, mejor veamos estas imágenes del partido Argentina-Uruguay.




Argentina fue una potencia futbolística entre el 86 y el 90. Luego sólo han ido a los mundiales a darse de hostias en el partido de octavos o cuartos, cuando quedan eliminados. Pero después de tanta exhibición culé ya va bien contemplar el espectáculo irrisorio de un equipo muy malo. No me reía tanto desde que vi jugar a Austria en la última Eurocopa. Es muy fácil, sin embargo, que en un reclamo se nos vuelva a torcer la boca para que broten más cursiladas (como el verbo brotar): que el juego bonito, que el tikitaka, que cómo juega nuestra selección, oh, precioso.

Pero cuidado, porque Argentina apuesta a lo que mi amigo Fogg (él sí es argentino) define como la teoría bidonista. "Bidonismo es la ausencia de argumento. ¿Desde dónde se puede defender la acción de envenenamiento a un rival? Imposible desde el pensamiento políticamente correcto. Se trata de la derecha del fútbol, llegó la hora de reconocerlo. Los puños hacia delante y los dientes apretados, después Dios dirá". Los empollones del fútbol ya se habrán dado cuenta de que bidonismo y bilardismo son lo mismo. ¿Alguno de vosotros (tras) se ha pegado alguna vez con un tío (tía) más grande y fuerte? ¿Verdad que no puedes ir de Ray Sugar Leonard? ¿Verdad que muerdes, haces piquete de ojos, rompes dedos? Jugar sucio y ensuciar el juego del rival, dinamitar el campo, de eso se trata.

Todas la selecciones sudamericanas (salvo Brasil) juegan de puta pena. Mi duda es si un equipo malo sudamericano (sudacas que todavía se acuerdan de todo lo que les hicimos hace quinientos años, y en los noventa también) puede ser presa fácil para nuestra selección de excelentes jugadores, o si puede arruinar el juego bonito de España, hacer que la roja se mimetice con su juego torpe, y marcarle un gol feo y miserable para llevarse una victoria en el último minuto. Como el gol de Argentina contra Uruguay.

Las posibilidades son mínimas, lo sé, es como que Obama triunfe con un disco de hip-hop. Son demasiado malos los sudacas. Uruguay, Argentina, todos. Chile y Paraguay, las grandes promesas, pintarán tan poco como en cualquier mundial. La roja, si no se cruza con EE.UU., en 2010 nos hará conocer por fin esa sensación de puta madre. Será como la primera paja, el primer polvo, el primer porro... Pero nunca está demás mirar al pasado de los mundiales. No para fijarnos en España, porque España nunca existió. Más bien para recordar las últimas veces que el pibe diez y Bilardo la liaron y gorda. México 86, sí, pero sobre todo Italia 90, toda una cruzada bidonista que sólo el muro alemán supo frenar. Poner en Google Italia 90, linkear en la entrada de Wikipedia, seguro que algo hay. Llora la Torcida Brasileña, un italiano se suicida.

12/10/09

Mi época de fotógrafa

En la época más petarda de mi vida iba de fotógrafa. Me hacía fotos de mis pies y todo eso. Rayaba mucho a todos los que me rodeaban disparándoles fotos como una psicópata. No era imbécil, sólo joven. Que viene a ser lo mismo. Me hacía fotos desnuda, fotos artísticas. Posaba con una estupidez teatral imperdonable, alternando sombreros de época. De otras épocas, no de ésta. Odiaba mi época. Añoraba la época del blanco y negro que no viví. Mis fotos eran en blanco y negro, claro. En algunas salía desnuda y con un sombrero de época y un aire teatral. No estaba de broma, ni asomo de ironía, me lo tomaba muy en serio.


Es mi barbilla.

Pero sobre todo me hacía miles de fotos de mis pies. Scarlett Johansson en Lost in Traslation decía que todas pasamos por una época de fotógrafas en la que nos hacemos miles de fotos de nuestros pies. Me vi en un lugar común, y como soy muy insegura de mí misma dejé de hacerme fotos de mis pies. Y caí en el lugar común de las que veían Lost in Traslation y se preguntaban qué le había dicho Bill Murray a ella al oído (como si importara). Hagas lo que hagas, digas lo que digas, pienses lo que pienses, cada segundo de nuestra vida es un irremediable lugar común. Pero si te pasas la vida evitando ser la típica tópica, al final no haces nada.


Devuélveme la barbilla, enano.

Luego me pasé al color y pasé a ser la típica que hace fotos de caretos en la calle y las cuelga en un blog (las que cuelgo en este post las hice en Londres). Pero ahora no voy de artista, me conformo con ser una turista. Soy práctica, soy mujer. Tengo un piso y quiero un hijo. En el Hospital del Mar de Barcelona me dijeron que hay un programa de inseminación artificial que cubre la Seguridad Social, totalmente gratuito, pero sólo para lesbianas: las gilipolleces de la discriminación positiva. No sé cómo lo haré, pero quiero un hijo. Soy la clase de tía con la que se ensañan los artistas, escritores, intelectualetes y demás espíritus libres, o desgraciados, como queráis llamarles. Yo también me ensaño con ellos.

¿Y mi barbilla?

Esta clase de desgraciados desean que una envejezca como la mujer con menos barbilla que una ardilla que sale en la foto de arriba, pero no. Me falta poco para los cuarenta y sigo estando muy buena, es lo que hay. Los sensibles y los sensibles retorcidos fantasean con nenas de quince, de doce, de diez, la tienen tan pequeña que sólo encuentran placer en un coñito estrecho, tipo poro. Aunque en el fondo es sólo una pose provocadora. Ninguno de ellos es Polanski, ni en talento ni en folleteo. Los que escriben, los que leen son todos unos perdedores como el pureta de Bill Murray en Lost in Translation. Si les pides su semen, oh, no, que no quiero andar dejando hijos por el mundo, blandengues de mierda, eso suponiendo que su semen sea tan bueno como el de un inmigrante de piel oscura. Ninguno de ellos es inteligente, y la prueba es que persiguen la inteligencia sin descanso, leen y sudan por serlo. Pensadores, la barbilla en el puño, la mente en cosas superiores. Se odian a sí mismos, se follan a sí mismos. Incluso cuando follan con otra persona están follando con sí mismos. Piensan, piensan y piensan, con los años desaparece la barbilla y se dan con el puño en la cara y quedan ko, y chochean buscando la barbilla para apoyar el puño y alumbrar un pensamiento más, la hostia de interesante, y ponerlo por escrito. Pedantes, insufribles: los sensibles. Ni el éxito los consuela.

En la época más petarda de mi vida iba de fotógrafa e iba con sensibles. Ahora la fotografía me sigue gustando, pero se la dejo como todas las artes a los que tienen el valor y el talento. Los sensibles artistoides mantenidos por sus padres, en cambio, ya no me gustan. No son mi tipo, ya no tropiezo con ellos. No eres mi piedra, le digo cuando se me acerca uno intentando convencerme de que tiene polla y puede educarme en una opción vital diferente. Por suerte no se acercan mucho. La mayoría, tímida, bebe, bebe, bebe sin atreverse, lanzando miradas furtivas a la distancia, como diciendo: chicas, ¿no veis que soy un muchacho sensible?

07/10/09

Accesorios espirituales

Alguien dijo, y no se llamaba Federico, que la religión es para aquellos que temen al infierno, y la espiritualidad para quienes ya estuvieron allí. La segunda está asociada a Oriente y cuenta con más acogida en nuestro mercado que la primera. La religión convencional, como diría Cioran, es vista como un prejuicio de familia. La superchería espiritual, en cambio, representa la buena conciencia para muchas criaturas de Occidente, porción del mundo en la que un filósofo llamado Federico dijo hace ya tiempo “Dios ha muerto”.

La tradición judeocristiana en la que nos guste o no hemos sido amasados no ha destacado por ser un exponente de espiritualidad. El monoteísmo tiende a sobresalir por su faceta dogmática. Para colmo, una vez declinada la Iglesia y ya inmersos en el paradigma de la Ilustración las contundentes palabras del anticristiano Federico (para ser más preciso, las de su personaje, el loco) nos enfrentaron a nuestra incertidumbre. Dios ha muerto, y nosotros, seres secularizados, tenemos que vivir con ese vacío. El infierno es ese vacío. La tradición laica en la que nos guste o no hemos sido amasados nos libra de la vida eterna y el eterno retorno, nos deja abandonados en esta limitada existencia productiva.

De ahí surge una necesidad: la carencia provocada por la ausencia, la urgencia de ritos expiatorios y juegos sagrados. Ante eso, mirar lejos suele ser lo primero. Desorientados, buscamos en el Lejano Oriente. Importamos todo de aquellas tierras. En India, decimos, la gente es pobre, ¡pero de una gran riqueza espiritual! Sin embargo, como todo el mundo sabe, bajo aquel paradigma religioso y al amparo de innumerables deidades también impera el dogma, que promueve la espiritualidad y sienta las bases para un sistema de castas con supremacía masculina.

El budismo, el taoísmo y otras tradiciones orientales cuentan con portavoces de ojos redondos. Ellos creen en el conocimiento interior adquirido por medio de libros, viajes, visitas a gurúes de exportación, seminarios que prometen una sabiduría garantizada. El vegetarianismo, basado en el Tao y el principio de no violencia, es el accesorio a menudo más consumido para presumir de una cualidad espiritual y moral. Todo esto, entre otras cosas, nos ayuda a sentirnos buenas personas. A tener buena conciencia. Pero más allá de las poses la mayoría sólo dedicamos nuestras vidas a tres cosas: bienestar, confort, hedonismo. Y si una de las tres se viera amenazada nos olvidaríamos de cualquier principio de no violencia para con animales y humanos.

En cualquier caso, para decirlo todo (y pese a que no todo quedará dicho), a estas alturas muchos saben que el autoconocimiento no se alcanza siguiendo el camino fácil que pasa por el mercado de imitaciones. Todo eso tiene más que ver con la identidad colectiva, mientras que el aprendizaje es un asunto individual. El camino del aprendizaje espiritual es siempre solitario, un viaje íntimo del que no se hablará a menos que se quiera ser plasta, sabiondo y obsceno.

Como bicho de Occidente, europeo y latino que me siento, rechazo instintivamente todo lo que huela a budismo, taoísmo y etceterismos. Pero no me parece mal que la gente desarrolle una espiritualidad propia. Apuesto por emprender el pequeño cambio individual antes que el gran cambio social. Llámenme cándido, romántico, cursi, gilipollas, pero confío en que esto contribuiría a despertar valores un poco menos mezquinos. Ya sabemos que el dinero, verdadero opio del pueblo, es el único valor. Y nos hace despilfarrar el escaso tiempo disponible en puras chorradas. Y como no somos monjes, ni sabios, ni santos, ni locos, ni tontos, ni ricos, y como nuestras prioridades son las de este viejo mundo en el que toca sobrevivir, seguiremos siempre pendiente de las mismas obsesiones vinculadas al deseo, la necesidad y el ego. Pero incluso en esas condiciones cada cual puede sacar lo mejor de sí mismo. El desarrollo espiritual es algo muy práctico, un conocimiento que nos ayuda a ser mejores personas. He dicho mejores, y no buenas personas, ni personas con buena conciencia. A las personas con buena conciencia, como decía Cioran, debemos impedirles a toda costa que vivan y mueran en paz.

27/09/09

Las putas, los puteros y las putas ONGs

Son tiempos difíciles, tiempos de confusión. Vivimos en una sociedad que estimula el deseo sexual más obsesivo y que por otra parte obliga a reprimirlo. Hace un par de semanas El País publicó en portada esas fotos de mamadas y metesacas. Vaya trabajo de investigación. No hay nada más cutre que las noticias en plena sequía veraniega de noticias. Y el tema una vez más en boca de todos. Como en 2006 con la ordenanza cívica. En aquel entonces eran las putas feministas las que promovían la caza de clientes. Ahora son las putas ONGs. Mesianismo colectivo subvencionado. Se parte de que la prostitución no es una práctica espontánea ni voluntaria (como si el trabajo que la mayoría debe realizar para sobrevivir lo fuera), y se propone centrar el castigo en la demanda y erradicarla. ¿Así acabarán con las mafias y con este oficio inmemorial? Ni Aznar se atrevería a fantasear tanto. Menudo plan tendrán en mente para no dejar a todas esas mujeres, a las adorables y a las indeseables, sin una fuente de ingresos. Ellas, las que de momento piensan seguir, lo tienen claro: legalización. ¿Pero a que da pereza regular la prostitución? ¿Protegerlas de chulos y traficantes de personas? Vaya faena. Es más fácil enfocarlo del otro modo. Puta: víctima. Cliente: cabrón.

Pues yo de vez en cuando hago de cabrón. No me imaginen arrastrándome por Las Ramblas, el prostimundo barcelonés es mucho más amplio y variado. A veces frecuento los mismos sitios que los periodistas de El País cuando no están delatando a las putas barriobajeras de Las Ramblas. Es un hábito bastante inconfesable. Provoca un rechazo, manifiesto o camuflado, en el 99% de las mujeres. Pero lo más interesante es el rechazo que provoca en los hombres. Esos hombres que se jactan de no haber pagado nunca para follar, pero no encuentran poco viril pagar el precio de un gramo de coca. En el fondo los comprendo, todos tenemos un pequeño orgullo de gilipollas que nos hace creernos mejores; el mío es no haber visitado nunca a un psicoanalista (por la misma tarifa tienes a una tía cañona o compras un gramo de coca: tú eliges). Cuando les dices a estos tíos: un billete y los hombres nos ahorramos el trámite del ligoteo, te responden con desdén: habla por ti. Pero no sólo expresan una superioridad barata, sino un profundo desconocimiento de ciertas cosas. Primero, que de un modo u otro siempre acabas pagando por un polvo (y que venga Galileo a desmentirlo). Y segundo, que las putas no fingen como se piensa. Bueno, no en todo. Una puta no finge que te hace una mamada, te la hace. Y estamos hablando de mujeres que hacen unas 2500 mamadas al año, lo cual se traduce en una pericia suprema en materia de felaciones que todo el que no haya ido de putas desconoce, por mucho talento que tengan las chicas con las que se acuesta.

La mayoría de mis experiencias han sido buenas. Cuando pagas lo haces para evitarte el antes y el después. A veces sólo apetece el durante, un durante bien guarro y a otra cosa, ¿verdad? Siempre he procurado ser amable y respetar las pautas de las putas. Se exagera cuando se habla de sometimiento, en la cama mandan ellas. Con decirles que en una ocasión una puta ni siquiera me dejó meterle mano. Only fuck and suck, if you want more you have to pay more, me dijo, y por si fuera poco me obligó a acoplarme en la postura del misionero, hombre arriba mujer abajo. De nada sirvió explicarle que para mí era una posición odiosa, que desde mi primera vez me había negado a repetirla. If you want more you have to pay more. Volví a visitarla una y otra vez y mi flexible actitud contribuyó a que ella también me fuera haciendo todo tipo de concesiones. Como soy bastante monógamo, ahora la visito sólo a ella. Pero no soy como esos sensibles que las ven como Princesas, o esos que pretenden hacerse amigos o llegarles al corazón o conocerlas mejor o incluso hacer que se corran (estos últimos son de risa). Conozco a las putas.

Puede que en Suecia haya funcionado lo de erradicar la demanda. Pero basémonos en esa fuente de sabiduría que son los tópicos (aunque ahora más de un listo se empeñe en destruirlos): una sueca te la chupa en la primera cita y sin que se lo pidas, mientras que una española no lo hace ni aunque se lo pidas llorando. Seguro que en Suecia la demanda no es la misma. Y seguro que a Suecia la crisis no le afecta como a España. En tiempos difíciles no sería acertado restringir una válvula de escape como es el sexo pagado. Todos los gobiernos del mundo deberían tener en cuenta esto, si aspiran a mantener la estabilidad social. El sexo permite al hombre común reconciliarse con la servidumbre que es su destino, y muchos sólo acceden a él pagando.

Mientras haya demanda seguirá habiendo oferta. Y mientras haya hombres comunes y cachondos que no consiguen seducir y que están cansados de intentarlo, y otros que siempre han seducido y que ya no les apetece, y mientras haya parejas que siguen la evolución lógica y dejan de hacer todo lo que alguna vez hicieron en la cama, pues seguirá habiendo demanda. Los santurrones onegeistas piensan en la prostitución como un trabajo degradante. Pero casi todos los trabajos consisten, de un modo u otro, en tragarse la mierda de los demás. Las ONGs creen que entienden, pero ni siquiera entienden que no entienden. Y su planteamiento ridículo nunca tendrá el peso del testimonio de un putero agradecido.

19/09/09

Se vende porque se vende

Hablando con una editora amiga, a quien llamaré Eda, ya que no quiere que figure su nombre en este post (Tranqui, le dije, que para eso figura el mío. Por cierto, me llamo Tú.), me he enterado de qué es lo que dispara las ventas de ciertos libros. Eda me lo explicó así: un libro se vende porque se vende. ¿Una perogrullada? No, una apreciación certera y razonable. La gente lee muy poco, no hay tiempo ni interés, por tanto cuando toca leer la gente escoge entre los títulos más vendidos (es fundamental para el trato social). Cuando un libro se vende, o se hace creer que se vende, es cuando las ventas se disparan. El marketing editorial no sólo recurre a la publicidad convencional, sino que se trae varios trucos en la manga para hacernos creer que un libro se vende. Eda dice que es normal que gran parte de la primera edición ya llegue a las librerías con la faja de segunda, tercera, cuarta o quinta edición, resaltando una cifra de ejemplares vendidos de infinitos dígitos-cero, totalmente especulativa (falsa). Esto es lo que tienden a hacer las grandes editoriales comerciales, las que copan las librerías con sus novedades. Copar las librerías, he aquí la otra artimaña, pues parece ser que está estrechamente ligado con las listas de ventas que se publican en los medios gráficos. Estas listas se elaboran semanalmente y sus datos no se basan en las ventas reales (sell-out), sino en la cantidad de ejemplares que las editoriales consiguen colocar en las librerías (sell-in) y que todavía no se han vendido a los lectores (los 500.000 ejemplares con que salió al mercado La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones, publicada por un sello de un grupo multinacional).

También ayuda, desde luego, que el libro promocionado despierte interés. Aquí Eda menciona otras razones, argumentando que la gente lee libros como La catedral del mar o El código Da Vinci porque es un tipo de ficción histórica que encuentran muy instructiva. Crean en el lector la ilusión de estar aprendiendo muchas cosas interesantes. Pero aun así parecen escritos para idiotas, le digo a Eda, por lo menos a mí me aburre la lectura de esa clase de libros. Como te he dicho, me recuerda mi amiga, la gran mayoría no lee mucho, y los best-sellers están escritos para esa gran masa. Es normal que a un lector asiduo no le aporten nada. Y sí, Eda tiene razón, cuando has leído a Casavella poca cosa te puede aportar Ruiz Safón. ¿Habéis notado que los de la tele creen que Ruiz Safón es un buen escritor? Qué limitados son los de la tele, pobrecitos, creen que leer ya es de por sí un ejercicio intelectual. Como si no hubiera literatura basura.

Parece que las estrategias editoriales, por muy engañosas que sean, son inofensivas en comparación con los timos que puede sufrir un escritor por parte de un editor. Eda me asegura que ella no es de ésos, pero sí, suele ser otra fuente de rentabilidad editorial. Tiradas fantasmas que salen a la calle sin quedar asentadas, libros vendidos por los que el autor no cobra su mísero diez por ciento, editores que no tienen que rendir cuentas ante la ley por esto. Hoy en día los escritores no tienen acceso a datos fiables sobre las ventas de sus libros, y no les queda más remedio que fiarse de sus editores. También es cierto, añade Eda, que a veces puede parecer que los editores dibujamos unos números ridículos, pero es que como está la cosa la mayoría de los libros se venden poquísimo. Antes había best-sellers y worst-sellers. Ahora hay sólo mono-sellers. Y vienen casi siempre del mercado anglosajón, con lo que el autor español lo tiene crudo.

Dime, Eda, para terminar, ¿qué consejo les darías a los jóvenes españoles que aspiran a convertirse en escritores y tener éxito? Les diría que primero empiecen como periodistas, que escriban y firmen reseñas, entrevistas y artículos en los suplementos literarios y culturales, que acudan a todas las presentaciones importantes, que coman a menudo con otros periodistas, que hagan mucho la pelota. Dándose a conocer no sólo se ganarán el interés de un editor cuando tengan una novelita escrita (a un editor siempre le interesa contar con el favor de un periodista), sino que cuando la publiquen tendrá mucha prensa y saldrá en todos los medios gracias a los amigos y contactos que habrán hecho en la profesión.

10/09/09

Klub de Klones

En una époka de mi vida ke prefiero olvidar pero ke voy a rekordar, kuando recién llegaba de Kolombia, viví en una de esas kasas de las ke finalmente te echa la policía. A mí me echó otro uniformado, el kabecilla de la kasa. El kabecilla era un anarkista, eso decía. Dijo ke tenía ke irme porke yo era muy bokas pero él nunka me había oído rajar del kapitalismo y el sistema. Yo no kería irme, no tenía adonde ir, pero él sakó mis kosas a la kalle. Me llamó mierda, basura… insultaba mejor ke el tertuliano más chungo de la radio y la tele. Kizá yo me lo merecía. El man kería matarme, suerte ke pude koger mis kosas y largarme. El perro del kabecilla no sólo no intentó atakarme durante la diskusión, sino ke kuando me iba hizo un amago de venirse konmigo. Era un chucho feo y simpátiko.

Kosas que tal vez hicieron ke el kabecilla me echara a la puta kalle

Una vez nos tokó ir juntos a hacer unas faenas: kargar unos bidones de agua en una fuente y preguntar en el merkado si no tenían algo pa reciklar. En el kamino nos kruzamos kon uno igualito al kabecilla. Mitad rasta mitad kresta, la kara llena de klavos, chupa de kuero y un perro ke pobrecillo. Se saludaron. ¿Konoces a ese man?, le pregunté. No, me dijo el kabecilla. ¿Seguro ke no lo konoces de nada, seguro que no se han estrellado kontra la misma ferretería? Me miró sin komprender. Por los piercings, brother, le dije riéndome. Él no se rió. Ké dices tú de los piercings, listo, ke te he dicho ke no lo konozco de ná, lo saludo de buen rollo libertario, kojones. Kojones no, le dije, klones. Parece que tú y él son del mismo klub de klones.

Otro día en la kasa hubo un debate sobre vivienda digna. En Kolombia, explikaba yo, la gente ke se mete en kasas vacías lo hace porke realmente son unos gonorrea sin techo. Esas kasas se llaman kasas tomadas. No se pinta la fachada de kolores ni se usa de centro kultural. La policía no te echa kon palos ni gases, sino a los tiros. Esa gente no tiene donde kaerse muerta, pero aun así akaban con una bala en el kuerpo. Akí en kambio se juega mucho a la revolución, dije. Pero ké dices, anda kállate, me soltó el kabecilla, akí se okupa y se resiste y se lucha contra la propiedá privá. Kállate ke no vales paná.

En otra okasión se hizo una fiesta en la kasa. Vendían una birra enlatada ke sabía a pis de gato. Kizá por eso el kabecilla y los mismos kabreados de la vivienda digna se estaban drogando komo kochinos. Yo komo soy kolombiano no me drogo, en kasa de herrero… A un man le dio una sobredosis de ketamina y un kolega ke estaba kon él le pidió al kabecilla ke llamara a una ambulancia. El man y su kolega parecían pertenecer a otro klub de klones. Ni rasta ni kresta. No tenían la pinta de haberse peleado kon un oso. Sólo iban un poko desaliñados, pero olían bien, normal. ¡Akí no me montes un pollo!, le respondió el kabecilla. Llévate a ese hippy-pijo ke la palme en la kalle, ke si vienen los maderos la hemos liado, hala, a tomar por kulo, putos alternativos. Después de ver y oír akello me kedé flipando, y volví a pensar en voz alta: tú mucho salvar al mundo de los rikos, brother, pero eres un egoísta, un sektario y un insolidario. Ya está el listo de los huevos otra vez, lo ke pasa contigo, chaval, es ke tienes prejuicios, me dijo. ¿A ti ké kojones te importa si me visto igual ke otros o kuántas rayas me meto, koño? Y para terminar: eres un kobarde, eres un hipókrita, eres un facha.

Me dejó pensando el kabrón. ¿Así ke yo tenía prejuicios? ¿Y kién no los tiene? Pero no era su apariencia lo ke me parecía de puta pena (bueno, eso también). Lo peor era su mente politizada. La gente politizada da asko, son komo gente religionizada. En el fondo son tan limitados. Sobre todo éstos, ke ni siquiera se enteraban de ké iban las manis, pero siempre estaban allí armando follón y rompiéndolo todo. Prefiero a un vagabundo auténtiko ke ignora a los rikos, ke va pidiendo limosna y no algo pa reciklar. En kualkier kaso el kabecilla tenía derecho a ser sektario, pensé. Después de todo los ke no somos ni pensamos komo él lo miramos kon la misma desaprobación. Pero de prejuicios nada, brother. Ya llevaba seis meses en esa kasa. A esas alturas eran post-juicios.

Seguí dando rienda suelta a mis post-juicios sin kortarme un pelo. Un facha diría ke soy un provokador, un antifascista radikal también lo diría. Y yo digo ke habría ke krear un plan de vivienda para meterlos a vivir a todos en el mismo barrio y ke se maten entre ellos. En fin, la gota ke kolmó el vaso la vertí el día de la muestra de artistas. Había talleres, videoart, konciertos. Fue entonces kuando me di cuenta de ke esta peña tan anti-todo estaba sobre todo en kontra de: el talento, la inteligencia, el humor, la autokrítika. Me acerkaba a kada uno de los presentes y les decía: la muestra me parece bastante mediokre, es una muestra mediokre, ké mediocre la muestra, ¿no? Hasta ke el kabecilla vino a por mí y me kogió del kuello. Yo no sabía si detrás de esa kara mugrienta, perforada y desenkajada había una infancia sufrida o un tipo ke pese a todo todavía kería a su mamá. Lo cierto es ke me dio miedo. Tranki, tranki, yo te komprendo, le dije. Lo ke tú sientes es rabia. No, rabia no es la palabra, le falta una “c” para transformar en “k”. Lo ke tú sientes es bronka. Mucha bronka, eso es lo ke tú sientes.

En fin, ha pasado el tiempo y le sigo dando vueltas y no sé konkretamente ké le puede haber molestado para dejarme en la kalle. Hace poko me krucé kon unos kolgados ke también vivían en akella kasa. Les pregunté por el kabecilla anarkista. Skorpion se llamaba. Me dijeron ke todavía resiste, pero ke no está en su mejor momento. No para de meterse de tó. Y parece ke un juez le ha kitado la kustodia de su perro.