
15/10/09
Que la chupen, que la sigan chupando

12/10/09
Mi época de fotógrafa
07/10/09
Accesorios espirituales

27/09/09
Las putas, los puteros y las putas ONGs

Pues yo de vez en cuando hago de cabrón. No me imaginen arrastrándome por Las Ramblas, el prostimundo barcelonés es mucho más amplio y variado. A veces frecuento los mismos sitios que los periodistas de El País cuando no están delatando a las putas barriobajeras de Las Ramblas. Es un hábito bastante inconfesable. Provoca un rechazo, manifiesto o camuflado, en el 99% de las mujeres. Pero lo más interesante es el rechazo que provoca en los hombres. Esos hombres que se jactan de no haber pagado nunca para follar, pero no encuentran poco viril pagar el precio de un gramo de coca. En el fondo los comprendo, todos tenemos un pequeño orgullo de gilipollas que nos hace creernos mejores; el mío es no haber visitado nunca a un psicoanalista (por la misma tarifa tienes a una tía cañona o compras un gramo de coca: tú eliges). Cuando les dices a estos tíos: un billete y los hombres nos ahorramos el trámite del ligoteo, te responden con desdén: habla por ti. Pero no sólo expresan una superioridad barata, sino un profundo desconocimiento de ciertas cosas. Primero, que de un modo u otro siempre acabas pagando por un polvo (y que venga Galileo a desmentirlo). Y segundo, que las putas no fingen como se piensa. Bueno, no en todo. Una puta no finge que te hace una mamada, te la hace. Y estamos hablando de mujeres que hacen unas 2500 mamadas al año, lo cual se traduce en una pericia suprema en materia de felaciones que todo el que no haya ido de putas desconoce, por mucho talento que tengan las chicas con las que se acuesta.
La mayoría de mis experiencias han sido buenas. Cuando pagas lo haces para evitarte el antes y el después. A veces sólo apetece el durante, un durante bien guarro y a otra cosa, ¿verdad? Siempre he procurado ser amable y respetar las pautas de las putas. Se exagera cuando se habla de sometimiento, en la cama mandan ellas. Con decirles que en una ocasión una puta ni siquiera me dejó meterle mano. Only fuck and suck, if you want more you have to pay more, me dijo, y por si fuera poco me obligó a acoplarme en la postura del misionero, hombre arriba mujer abajo. De nada sirvió explicarle que para mí era una posición odiosa, que desde mi primera vez me había negado a repetirla. If you want more you have to pay more. Volví a visitarla una y otra vez y mi flexible actitud contribuyó a que ella también me fuera haciendo todo tipo de concesiones. Como soy bastante monógamo, ahora la visito sólo a ella. Pero no soy como esos sensibles que las ven como Princesas, o esos que pretenden hacerse amigos o llegarles al corazón o conocerlas mejor o incluso hacer que se corran (estos últimos son de risa). Conozco a las putas.
Puede que en Suecia haya funcionado lo de erradicar la demanda. Pero basémonos en esa fuente de sabiduría que son los tópicos (aunque ahora más de un listo se empeñe en destruirlos): una sueca te la chupa en la primera cita y sin que se lo pidas, mientras que una española no lo hace ni aunque se lo pidas llorando. Seguro que en Suecia la demanda no es la misma. Y seguro que a Suecia la crisis no le afecta como a España. En tiempos difíciles no sería acertado restringir una válvula de escape como es el sexo pagado. Todos los gobiernos del mundo deberían tener en cuenta esto, si aspiran a mantener la estabilidad social. El sexo permite al hombre común reconciliarse con la servidumbre que es su destino, y muchos sólo acceden a él pagando.
Mientras haya demanda seguirá habiendo oferta. Y mientras haya hombres comunes y cachondos que no consiguen seducir y que están cansados de intentarlo, y otros que siempre han seducido y que ya no les apetece, y mientras haya parejas que siguen la evolución lógica y dejan de hacer todo lo que alguna vez hicieron en la cama, pues seguirá habiendo demanda. Los santurrones onegeistas piensan en la prostitución como un trabajo degradante. Pero casi todos los trabajos consisten, de un modo u otro, en tragarse la mierda de los demás. Las ONGs creen que entienden, pero ni siquiera entienden que no entienden. Y su planteamiento ridículo nunca tendrá el peso del testimonio de un putero agradecido.
19/09/09
Se vende porque se vende

Parece que las estrategias editoriales, por muy engañosas que sean, son inofensivas en comparación con los timos que puede sufrir un escritor por parte de un editor. Eda me asegura que ella no es de ésos, pero sí, suele ser otra fuente de rentabilidad editorial. Tiradas fantasmas que salen a la calle sin quedar asentadas, libros vendidos por los que el autor no cobra su mísero diez por ciento, editores que no tienen que rendir cuentas ante la ley por esto. Hoy en día los escritores no tienen acceso a datos fiables sobre las ventas de sus libros, y no les queda más remedio que fiarse de sus editores. También es cierto, añade Eda, que a veces puede parecer que los editores dibujamos unos números ridículos, pero es que como está la cosa la mayoría de los libros se venden poquísimo. Antes había best-sellers y worst-sellers. Ahora hay sólo mono-sellers. Y vienen casi siempre del mercado anglosajón, con lo que el autor español lo tiene crudo.
Dime, Eda, para terminar, ¿qué consejo les darías a los jóvenes españoles que aspiran a convertirse en escritores y tener éxito? Les diría que primero empiecen como periodistas, que escriban y firmen reseñas, entrevistas y artículos en los suplementos literarios y culturales, que acudan a todas las presentaciones importantes, que coman a menudo con otros periodistas, que hagan mucho la pelota. Dándose a conocer no sólo se ganarán el interés de un editor cuando tengan una novelita escrita (a un editor siempre le interesa contar con el favor de un periodista), sino que cuando la publiquen tendrá mucha prensa y saldrá en todos los medios gracias a los amigos y contactos que habrán hecho en la profesión.
10/09/09
Klub de Klones

En una époka de mi vida ke prefiero olvidar pero ke voy a rekordar, kuando recién llegaba de Kolombia, viví en una de esas kasas de las ke finalmente te echa la policía. A mí me echó otro uniformado, el kabecilla de la kasa. El kabecilla era un anarkista, eso decía. Dijo ke tenía ke irme porke yo era muy bokas pero él nunka me había oído rajar del kapitalismo y el sistema. Yo no kería irme, no tenía adonde ir, pero él sakó mis kosas a la kalle. Me llamó mierda, basura… insultaba mejor ke el tertuliano más chungo de la radio y la tele. Kizá yo me lo merecía. El man kería matarme, suerte ke pude koger mis kosas y largarme. El perro del kabecilla no sólo no intentó atakarme durante la diskusión, sino ke kuando me iba hizo un amago de venirse konmigo. Era un chucho feo y simpátiko.
Una vez nos tokó ir juntos a hacer unas faenas: kargar unos bidones de agua en una fuente y preguntar en el merkado si no tenían algo pa reciklar. En el kamino nos kruzamos kon uno igualito al kabecilla. Mitad rasta mitad kresta, la kara llena de klavos, chupa de kuero y un perro ke pobrecillo. Se saludaron. ¿Konoces a ese man?, le pregunté. No, me dijo el kabecilla. ¿Seguro ke no lo konoces de nada, seguro que no se han estrellado kontra la misma ferretería? Me miró sin komprender. Por los piercings, brother, le dije riéndome. Él no se rió. Ké dices tú de los piercings, listo, ke te he dicho ke no lo konozco de ná, lo saludo de buen rollo libertario, kojones. Kojones no, le dije, klones. Parece que tú y él son del mismo klub de klones.
